Narrativa de una escritora frustrada

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Hoy, 20 de agosto y casi en vísperas de la luna nueva, después de una semana de haber aprovechado al máximo la Feria del Libro de Panamá (mi ciudad natal), me encuentro ante una aguda crisis de frustración interna.

Disfruté muchísimo de la feria, pude presenciar la presentación de Espido Freire, una autora española quien es, en muchos sentidos, una inspiración (su último libro, “Llamadme Alejandra”, es un ensueño de melancolía rusa). Me encantó haber podido rodearme de tanta cultura y disfrutar de lo que es, hasta el día de hoy, mi pasión más grande: el arte de la literatura. Pero después de haber bebido de la fuente de la inspiración literaria todos estos días, después de haberme sumergido tan hondo en mi pasión por los libros y renovar mi fe en los cuentos inmortales, he dado la vuelta entera al ciclo y me encuentro, ahora, en el otro extremo.

Debí haberlo esperado. Todo lo que sube, tiene que bajar, como proclama la inviolable ley natural. Ahora estoy abajo, y me encuentro seca por dentro.

¿Qué he aportado yo a este mundo, que considero santo? He escrito un libro de fantasía urbana, sí. Lo he escrito en inglés, mi otra lengua materna. Y quienes lo han leído me han dicho que les agradó mucho y que tengo estilo, que les pareció único, enganchador y oscuro. Como una de las facetas de mi personalidad. Además de esto, estoy ahora trabajando en otra novela de fantasía épica siguiendo las directrices de Hemingway en lo que se refiere a la mecánica y disciplina de escribir, y la estoy pasando genial. Me estoy tomando mi tiempo con el cuento y dejando que se desarrolle así, orgánicamente, sin apurar nada. Tengo planes de escribir un libro en español de realismo mágico seguido a éste, y también un libro sobre mi camino espiritual.

Pero soy inconstante. Tengo grandes ideas, metas sublimes, y sueños personales por realizar, pero en el día a día no escribo, no le dedico tiempo a lo que deseo plasmar. Tengo un plan definido, y poca ejecución. Por un lado no es mi culpa, soy abogada y administradora de un bufete, y esto consume la mayoría de mis horas de vida mundana (y estoy muy agradecida por ello, ya que representa mi fuente de ingresos y por ende, mi libertad). Pero por otro lado, sí es mi culpa. Lo es. Porque en medio de todo lo mundano, que sí es importante, no hago el esfuerzo para conectar con lo que para mí es sagrado, que es más importante aún.

Y así he pasado años de años, perdida en un laberinto de sueños estériles, esperando a que las cosas se den mágicamente, y sin que medie el esfuerzo personal. Es una trampa, y he caído rotundamente. Porque los cuentos inmortales no nacen por arte de magia. La creatividad no sucede sola, necesita de energía y de empuje diario y constante. Se necesita conectar regularmente con la esencia de uno para saber plasmar esta esencia, con todas sus rarezas, sutilezas y genialidades, de una manera que el lector pueda entender. Es una maratón, y el escritor nunca termina de correrla. El artista nunca termina de definir su estilo, ya que hacerlo sería la muerte… en cambio, lo amplía, lo complica o simplifica a su gusto, lo moldea incesantemente a su necesidad.

Es un baile eterno.

Y en este baile que he venido danzando por muchos años ya, he decidido por fin escribir, también, en español. Verán, por mucho tiempo solamente escribía en inglés, ya que crecí con una madre norteamericana que me leía cuentos en inglés desde pequeña, además de que estudié la literatura inglesa durante mis años escolares, dedicándole poco tiempo en comparación a mi otra lengua materna, el español. Pero el español también es parte de mí. Presiento que tengo mucho que expresar por esta vía y también mucho que descubrir de mi misma. Es la lengua del país en el que nací y en el que he decidido vivir, después de todo.

La Feria del Libro, Espido Freire, y la docena de otros libros en español que me he comprado en un afán casi febril por devorar literatura en español, han despertado en mi el deseo de expresarme en esta lengua tan naturalmente poética, y complicada, y difícil de domar.

Así que voy por esto. Seguiré blogueando y escribiendo novelas, decididamente de una manera mucho más constante, pero ahora lo haré tanto en inglés como en español. De esta manera mi horizonte artístico amplía… Se duplica, por decirlo así, en base a una sola decisión.

Nunca he contemplado parar de escribir, hacerlo sería suicidar una parte de mi, la parte más preciada. Pero si deseo a lograr algo en este campo artístico más allá de un tratarlo como un hobby placentero, si deseo acercarme al sueño quimérico de poder plasmar cuentos inmortales (en inglés y en español) debo dedicarle más de mí a este emprendimiento, más sudor y más sangre.

La sequedad interna que siento la llenaré de lluvias torrenciales, similar a las que han caído en Panamá estos últimos días. Haré soplar los vientos de inspiración y beberé de los ríos de mi pasión interna, de esos ríos que nacen en lo profundo de las montañas inamovibles del mundo.

Así lo creo. Y así será.

4 thoughts on “Narrativa de una escritora frustrada

  1. Que bello esto. Recién lo leo. Me encanta que alguien, no solo tú a quien considero amiga; sino que exista una persona que tenga estos deseos tan fervientes de plasmar en letra. El castellano es tan poético y a medida que vayas escribiendo, te va a seguir sorprendiendo. Constancia.

  2. Pingback: “Llamadme Alejandra” por @EspidoFreire #Reseña | Monique Sanchíz de Mihalitsianos

  3. Pingback: “Un Amor de Oriente” de Pilar Eyre #Reseña | Monique Sanchíz de Mihalitsianos

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