“Una Pasión Rusa” de @Reyes_Monforte #Reseña

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Les cuento que este libro me ha arrancado el corazón y lo ha arrastrado por las cauces de la desesperación, la impotencia, la ira, y la profunda admiración que desata leer sobre un amor tan, pero tan fuerte que ni siquiera la traición, la distancia, y la tortura pueden quebrantarlo.

“Una Pasión Rusa” relata la historia de Lina Prokófiev, española (y con el carácter para probarlo), y mujer del distinguido y renombrado compositor de música clásica Serguéi Prokófiev, de nacionalidad rusa. Empecé a leer este libro justo después de terminarme “Llamadme Alejandra“, sobre la última zarina rusa. “Una Pasión Rusa” comienza, en la historia, un poco después de donde termina “Llamadme Alejandra“, por lo que sentí que estaba continuando con la cronología de la revolución rusa, enmarcada ahora en un cuento distinto.

Lina y Serguéi se conocieron cuando Lina tenía un poco menos de 20 años y Serguéi tenía 26, cuando apenas estaba comenzando la carrera musical del compositor. Se desenvolvió un romance apasionado entre los dos desde que se conocieron, y se llegarían a casar unos años después, y a vivir en París, en donde Lina se codeaba con los grandes artistas del momento como Coco Chanel (fundadora de la casa de moda) y Ernest Hemingway, uno de los grandes escritores americanos y futuro ganador del premio nobel de la literatura.

Lina era una mujer agraciada, elegante, culta, sabía hablar más de cinco idiomas y tenía el gran dote de poder conversar con cualquiera sobre cualquier tema. La pasión latina también corría por sus venas, y era una mujer que se sabía hacer respetar. Era muy querida por todas sus amistades y admirada por grandes artistas, y también adorada por su esposo, Serguéi, quien en ese momento sólo tenía ojos para ella. Ella también amaba a a su marido… “amar” en realidad le quedaba corto para lo que sentía. Lo idolatraba, lo adoraba, lo trataba como un rey.

Tanto así, que me atrevo a decir que una de las razones por la que Serguéi pudo desarrollar sus dotes artísticos y alcanzar el estatus de “genio musical” que le fue conferido por el público y los críticos del momento, fue por el apoyo de Lina, por el ambiente en su vida que ella supo crear para él, y por su incondicional cariño. Se desvivían el uno por el otro.

El problema yacía en que Serguéi era ruso… y en aquella época de la historia, cuando Stalin acababa de asumir el poder y la revolución bolchevique estaba en pleno apogeo, Serguéi no pudo resistir a regresar a su madre patria, quien clamaba por su arte. Así que Serguéi y Lina se mudaron a Moscú con todo y sus dos hijos, sin saber el futuro amargo que les esperaba a todos en esa tierra fría y desamparada.

Al principio todo fue color de rosa. Siempre lo es. El pueblo ruso entendía y admiraba la música de Serguéi como ningún otro país supo hacerlo. Incluso Stalin se declaró un fanático de sus obras. Vivieron felices durante casi una década, y Lina seguía siendo todo un éxito en la sociedad. Acudía a las galas en las embajadas y se codeaba con los intelectuales y artistas del momento. Fue esto lo que la llevó a su trágica condena unos años después, pero me estoy adelantando.

A medida que pasaban los años, la locura y crueldad de Stalin se hacían cada vez más evidentes. Los campos de concentración en donde Stalin mandaba incluso a sus propios compatriotas y al proletariado que juraba defender se hacían cada vez más fuertes, mas inhumanos, más desgarradores. Rusia se sumía en la tiranía mas macabra de la historia, inclusive peor que la Hitler, y por bastante, ya que los muertos y torturados fueron el propio pueblo Ruso que respaldó a Stalin cuando subió al poder. Además de esto, la cantidad de personas que sufrieron a manos de ese gobierno demoníaco son demasiados para contar. Algunas cifras apuntan a más de veintisiete millones de afectados, una cifra que realmente sobrepasa la imaginación.

“¿Sabe usted que en Ucrania, durante la terrible hambruna del terror de 1932 y 1933, Stalin asesinó a más ucranianos que Hitler judíos? (…) ¿Por qué nadie filmó el gulag (prisiones y campos de concentración rusos) como hicieron con los campos de concentración nazis? ¿Por qué privaron al mundo de esa visión? ¿Por qué hasta 1966 Alemania Occidental ha condenado a ochenta y seis mil criminales nazis y la Unión Soviética tan solo a treinta estalinistas?” Reclamaba Lina, al final del libro.

Y la razón de su reclamo fue precisamente, porque ese gobierno tirano disfrazado de revolución y de idealismo comunista, fue parcialmente responsable de robarle a Lina lo más preciado en su vida.

“Su historia de amor se representó en un escenario tomado por la mayor historia de intrigas y traiciones de la historia de Europa, en un teatro iluminado por las luces y las sombras que alumbraron el Siglo XX.” Escribe Monforte, sobre el romance entre Lina y Serguéi.

Lo que empezó como un cuento teñido de rosa en la bohemia y artística ciudad de París de inicios del Siglo XX, terminó en un auténtico cuento de terror, injusticia y tortura dentro de los campos de concentración del régimen estalinista. El contraste entre estos dos ambientes sirve para crear una sensación dantesca dentro del cuento. El lector vive el paraíso de la historia de amor para luego bajar al infierno del abandono y la maldad.

Sin embargo, no fue todo culpa de Lina. Es cierto que era extranjera, y que criticaba abiertamente a Stalin, y que tenía muchas amistades que también estaban en contra del régimen, pero nada de esto justifica lo que le ocurrió.

Sin revelar mucho sobre la historia, puedo decri que Serguéi también fue bastante responsable de la pesadilla por la que pasó a su mujer. No tuvo la fuerza suficiente de defenderla ni de permanecer a su lado cuándo más importaba. Sus propios defectos como hombre, sumados a la presión del gobierno ruso por querer dominar toda su vida, le quebrantaron y le robaron a él también de todo lo que más quería en su vida. A la misma vez, el hombre nunca se dio cuenta de que el lo apadrinó todo, lo permitió todo, y que fue el principal responsable de su propio triste y solitario final.

Lina Prokófiev, en cambio, fue una santa. Se mantuvo fiel a su marido durante toda la trayectoria de su vida, desde los cielos hasta los infiernos, y este amor incondicional fue precisamente la fuerza purificadora de todas sus circunstancias. Realmente una mujer de admirar.

Recomiendo este libro a todos aquellos interesados en saber un poco sobre el régimen estalinista, y los que quieran perderse en la historia de amor trágica pero a la misma vez, victoriosa, de Serguéi y Lina Prokófiev.

Rating: ****

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