Los susurros invisibles

spirits

Estoy segura de que anoche me enfrenté a alguna clase de espíritu, de esos que caminan sobre el techo de tu casa, buscando un lugar donde entrar para atormentarte.

Todo comenzó cuando me desperté a la una de la mañana y no me pude volver a dormir. Me llené de rencores extraños que había acumulado durante el día, y mi mente no los dejaba ir. Es más, los incrementaba y los desnudaba de toda razón. No podía conciliar el sueño, pero tampoco estaba totalmente en vela. Estaba en ese extraño mundo de por medio, en donde no estás ni despierto ni dormido, y los sueños se mezclan con los pensamientos para construir una extraña y oscura realidad.

En ese estado aluciné muchas cosas, entre ellas que había cambiado mi alarma para más tarde, para poder dormir más y no levantarme temprano a escribir, como es mi rutina usualmente. El espíritu no quería que me despertara temprano, seguramente. Dicen que el diablo habita en la cama.

Luego, sucedieron cosas peores. Comenzaron las pesadillas. El rencor que había nutrido en esas horas de la madrugada se transformó en algo verdaderamente demoníaco. Soné que estaba humillando a una persona por una rabia inmensa que traía encima contra ella. Le pegaba, le insultada, no la dejaba hablar ni defenderse. Hasta que la persona se fue. Por fin se escapó de mis garras.

A las 5:30am sonó mi alarma, a la misma hora de todos los días. Desperté de ese sueño horrible, y en ese momento creí escuchar unos pasos sobre el techo de mi casa. El día amaneció triste, nublado, y yo con el corazón pesado después de haber pasado una noche cargada junto a las tempestades nocturnas. El rencor que tenía encima no lo quiero volver a sentir jamás. Era algo tan venenoso, tan serpentil.

Nuestra perrita tampoco durmió bien, se la pasaba despertándonos a cada hora, casi desesperada. Cuando amaneció, se calmó. Y yo también. Me desperté, practiqué mi meditación vespertina, y me puse a escribir. Como lo hago todas las mañanas. Y aquí estoy.

Que si realmente fue un espíritu, o simplemente una mala noche, no lo sé. El día sigue nublado, y yo me siento pesada, cansada, exhausta después de haber soportado tanta rabia y tanto rencor.

Ojalá llueva más tarde, y que el agua se lleve todos esos malos sentimientos y pensamientos, y que limpie nuestro hogar de cualquier intruso invisible que busqué divertirse en sus horas de vigilia con nuestras psiquis susceptibles.

Prenderé un incienso, solo por si acaso. De algo debe servir.

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